La Libertad
¿Cuál es el precio de la libertad? No me refiero a la libertad de la tiranía opresora que tiende a abundar en diferentes formas en este mundo. Me refiero a la personal. A esa donde liberamos el pensamiento, la acción y dirección. Donde estuvimos por bastante tiempo depositando nuestra energía en algo ineficiente o desagradecido. Ese lugar, persona, espacio o tiempo; donde se conoce no debemos estar, pero aun así nos quedamos. ¿Y porque?
Muchas veces no nos damos cuenta que es tiempo de marcharnos. Quizás algo lo dice. Señales aparecen. Pero las ignoramos, no deseamos escuchar la verdad que se susurra hasta convertirse en una voz alta, a veces compasiva, muchas veces regañona. Buscamos justificaciones. A lo mejor nos valla bien esta vez. La cosa cambie. Si cambio esto o aquello… Pero solo es un atraso a lo inevitable.
Porque el precio es dejar lo conocido. Abandonar por lo que hemos luchado tanto, para construir en otro lado. He inclusive, tampoco para construir en otro lado, si no construirnos así mismos. Nos depositamos tanto en algo, que nos olvidamos que existimos. Olvidamos nuestras necesidades y sueños. Nos alejamos de todo, hasta de personas que nos quieren. No vemos nuevas oportunidades. Estamos en la misma tormenta de nunca acabar sin tranquilidad cercana.
Una vez escuchas esa voz, sientes esa incomodidad en el cuerpo, no queda de otra que moverse. Es incomodo porque a nadie le gusta sufrir. Molesta porque dejamos algo atrás. Pero ese algo, no nos pertenece en primer lugar. Es parte de la vida, una experiencia y quizás hemos crecido lo suficiente para reconocer...es tiempo de irnos.
Si no queda respeto y si la situación es insostenible, vete. Largate. No busques excusas. Si te sientes invisible, donde antes eras visto y has hecho todo lo posible, no te quedes ahí esperando a que algo cambie. El que debes cambiar eres tu. Porque la vida cambia, las personas cambian y el amor se transforma.
La dignidad, el autoestima, el encontrarnos a nosotros mismos y sobre todo la paz mental, son mas importantes que todo lo demás. Pero a veces queremos tanto, que nos olvidamos debemos empezar por nosotros mismos. Solo, cuando todo se desmorona, es donde empezamos a ver lo perdido.
A veces el verdadero acto de amor no es quedarse he insistir. Es todo lo contrario. Retirarse. Si lo amas, suéltalo. Dejalo que sea feliz con quien desee. Que continué su camino. No busques, no indagues y sigue caminando. No sueltas esperando que regrese. Liberas para liberarte. Simple pero difícil.
El precio de la libertad es ser valiente. Pararse de frente con la incertidumbre y el sufrimiento. No temer a la soledad y a la tormenta. Saldrás de esa tormenta. Pagaras un precio por eso. Pero a su vez tendrás tu vida de vuelta. Dime tu ¿que vale mas?
Porque la mayor prisión no es la tiranía externa. Es la lealtad a lo que ya no nos sirve. Y esa lealtad es traición a uno mismo.

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