Las señales del océano

 


...Puedes tener gente a tu lado y aun así sentirte solo. Puedes tratar de amar y no sentir de la misma forma he intensidad. Por otro lado puedes amar o desear algo que no te corresponde de la misma forma. En la historia de alguien siempre seras el villano. El causante de tristezas y soledad. De esa misma forma pueden estar hablando bien de ti. Te admiran en secreto o te lo dicen con sutileza y timidez.

Podemos como seres humanos desconectarnos y vivir en automático. Entonces aparece algo que nos recuerda la necesidad de conexión. Se nos escapa una sonrisa, hablamos con naturalidad y hasta nos sorprende que alguien sea capaz de vernos en tanto tiempo. Pero a veces confundimos esa conexión rápida y creemos que algo más puede pasar. Puede pasar que nos emocionemos y deseemos continuidad. Sin embargo, cortan todo en un instante, dejándonos confundidos. ¿Hicimos algo mal? ¿Acaso nos estaban tratando como entretenimiento? Quizás suplimos la necesidad emocional de esa persona. Luego de eso perdió el interés.

En estos tiempos las conexiones son rápidas y a veces intensas. Luego desaparecen con la misma rapidez. Para una persona quien busca profundidad y estabilidad, esta forma de ser intensa pero superficial es extraña. Por no decir insostenible. Se le tiene miedo a decir lo que se siente. El que se expresa demasiado, se le ve como un invasor o toxico. Otros, quienes poco a poco se convierten en mayoría, desean que tu reconozcas o interpretes lo que sienten a modo detective.

La realidad es mas simple de lo que parece. Pero es elusiva porque la mezclamos con emociones. Si te quieren abra consistencia. Si te aprecian existirá responsabilidad afectiva y quizás tengas otras situaciones humanas, menos la duda. Si te dicen “no te quiero de esa forma” “no quiero una relación ahora…”, no vale la pena quedarse interpretando esto. Aunque las acciones hablen diferente. Esto habla de su problema emocional o de que te usan porque ocupas un vacío. Pero estas ahí en alquiler y en cualquier momento se lo alquilan a alguien o algo más. Estas de paso. Como en la estación de un tren o aeropuerto.

Por lo tanto, cualquier esfuerzo realizado es un gasto de energía. Se sostiene lo inevitable. No importa lo bueno y atento que seas. No valdrá la pena. Recibirás agradecimiento. Quizás otras cosas momentáneas que te confundirán aun mas. Pero el resultado sera casi el mismo. Debería existir alguien quien nos enseñe esto desde pequeños, para que se quede impregnado en nuestro cerebro. Sin embargo, es probable que no lo entendamos hasta experimentarlo.

Porque la mayoría de nuestras heridas afectivas no vienen de la falta de amor, si no de la falta de claridad. De lo que deseamos creer en vez de simplemente ver. A veces lo que se logra ver es lógico y doloroso. Pero es lo que es. No sufrimos por lo que sentimos, si no por lo que interpretamos en silencio.

Estamos en un barco con océanos peligrosos y desconocidos. Creemos que sabemos, pero ese es el principio de nuestra perdición. Creemos que la conexión es mutua, pero a veces solo es necesidad temporal. Pensamos que la intensidad significa profundidad, en muchas ocasiones es ansiedad disfrazada. Miedo a la soledad. Pensamos que la ausencia es rechazo. Pero puede ser incapacidad emocional.

Existen los afortunados. Esos que se esforzaron por tiempo indefinido y obtuvieron una relativa estabilidad. Al menos que las cosas cambien, se mantienen en el constante esfuerzo. Al pendiente de que no aparezca nadie a competir con ellos. En la interpretación de las emociones de hoy, mañana y siempre. ¿Así que son afortunados? ¿Que descubrirán al final?

Tal vez los afortunados no existen. Quizás solo existen personas que aprendieron a leer las señales del océano a tiempo. Cambiaron el rumbo y se retiraron sin rencor, dejando confundir intensidad con reciprocidad. Así, aprendieron a no perderse mientras esperan.

Y en esa lucidez, encontraron paz.



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